No hay mejor sensación en el mundo que esa de
despertarse feliz y ver la vida de otra manera. Abrir las ventanas de tu
habitación; respirar el aire fresco, observar como los niños juegan felices en
la plaza… si, con esa inocencia que todos tenemos a los tres años, pero que
bonito es, y escuchar a los pájaros cantar.
Después de la tormenta siempre viene la calma decían,
pero vaya calma. No es nada malo vivir esas tormentas, porque la verdad es que
así mola mas ver lo bueno de la vida. Aprender a dejar a la gente que no
merecía la pena en el pasado y abrirle las puertas con los brazos abiertos a
esas que realmente la valen, y vaya si valen.
Aprendes a perdonar, incluso a tus mayores enemigos,
porque de nada nos vale eso de matarnos a miradas con esas personas que te
jodieron la vida como si de un monstruo se tratase, no se merecen estar en
nuestro día a día ni tampoco tanta importancia como la que se le da a esa
gente. Indiferencia. La mejor opción de todas.
Y que decir de esas cervezas los viernes de noche con
eses amigos que no ves en toda la semana. Y los vinos, que no falten. Con las
personas que son casa. Las personas que no solo te llaman para la fiestaza del
sábado noche sino que también te llaman para ver una peli acompañada de
palomitas y un par de lágrimas por el medio. Esas personas que prefieren darte
el hombro para llorar y no un poco de vino para olvidar. Esas que les mandas un
audio de 9 minutos y lo escuchan, porque la distancia separa cuerpos pero no
corazones… y el echar de menos puede con todo.
Esas personas que conocen todos tus defectos y siguen
presentes a pesar de todo. Esas que vivieron contigo la peor tormenta de tu
puta vida y siguen a pie de cañón como el primer día. Esas que no tuvieron
miedo a quedarse contigo, que lucharon contra todo por ti. Esas personas, son
las que merecen la pena. Y agradecidos debemos estar por encontrar a ese tipo
de gente.
Nunca, nunca pero nunca dejes de lado a tu familia y
amigos por nada ni nadie, porque llegara un día en el que te arrepientas.
Aprende a valorar lo que merece la pena. Tu gente.
Y por último,
que mejor sensación que la de quererte. Esa es la puta mejor sensación del
universo. Nunca dejes de quererte, ni de valorarte. Porque sino te quieres tú,
nadie te va querer mejor.
Quiérete, siempre.
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