sábado, 3 de junio de 2017

Días de lluvia


                                            

Días grises, días donde solo tienes ganas de relajarte en cama con los ojos cerrados y con el ruido de la lluvia.

Son esos días donde quieres y adoras estar en soledad. Con la taza de café bien cargado mirando como las gotas de lluvia van poco a poco cayendo sobre tu ventana. Con Andrés Suarez de fondo.

Esos días donde piensas todo lo que has conseguido, y todo lo que te queda por demostrar. Y donde te dices a ti misma: joder ¿Cómo lo conseguí?

 Pensar que viviste meses y meses eses días donde el mundo se te caía encima y ni el ruido de la lluvia te calmaba. Y ahora disfrutas eses días como todos los días de verano.

Que ahora la vida te está dando lo que de verdad mereces, por fin. Por fin, puedes decir que la vida está a tu favor y las alegrías van aumentando a pasos agigantados.

Sigamos disfrutando de este día y  salgamos a bailar bajo la lluvia para celebrarlo. Porque toda esa gente que vivió una mala época en su vida sabe lo que quiero decir.

Días de lluvia, donde no viene nada mal recordar esos días donde todo era gris y se te salga una, dos o tres lagrimillas de emoción y de superación. No vienen nada mal.

Primer y único amor



                                               

 Desde el primer momento que llegue al mundo, me enamoré. Piel con piel. Me dio un beso en la frente con el mayor y  verdadero amor del mundo. Y me enamoré. Sentía que nadie me iba a querer mejor  y que ningún héroe ni heroína iba a luchar por mi como ella.

Los días pasaban y los años también, crecí con ella y ella conmigo. Ese amor crecía más rápido que nosotras, a velocidad de un rayo y con la mayor fuerza de todo el universo.  

De enseñarme a hablar, a andar y demás paso a enseñarme a vivir. A vivir y a dejar vivir.

A ser yo misma, sin que nadie me obligara a ser quien no soy y mucho menos que nadie elija por mí. Me enseño paso por paso, a lo jodida que es la vida y lo bonita que es.

Es esa persona con la que hablas a través de miradas entendiendo todo de esa manera. Las palabras sobran, con esta persona especial esas miradas gritan más fuerte que mil palabras.

Y sin darnos cuenta, ya llevamos 18 años juntas. 18 años sonriendo, llorando, gritando, callando, amando, odiando y viviendo. Viviendo bien. Con mil baches, unos más grandes que otros. Y aquí estamos, luchando las dos contra todo. Nada ni nadie conseguirá hundirnos y mucho menos hundir lo nuestro. Lo que nosotras sabemos.

 Todas esas lecciones de vida, siguen intactas y gracias a ella soy quien soy ahora. No hay mayor amor que el de esta persona. Nunca tendremos a nadie mejor. Yo, por lo menos.

El primer, único y verdadero amor de mi vida eres tú. Te quiero, mamá.