miércoles, 29 de noviembre de 2017

Cristales afilados

Mirar por la ventana y perderte mientras el aire frío invade tus mejillas. Ver cómo eso que te duele, ese aire tan frío que te cubre la cara de cristales rotos y te la va rompiendo a velocidad del fuerte viento.
Cerrar la ventana y sentir el calor de tu casa. Cómo poco a poco, tu piel vuelve a cerrar las heridas causadas por esos cristales afilados.
Ese dolor que duró poco tiempo y esa cura tan rápida de tus mejillas manchadas de sangre.
Esa sangre, fue desapareciendo, convirtiéndose en pequeñas postillas y transformándose al final en simples cicatrices.
Cicatrices que tocas y no escuecen, que miras y no duelen.
Sonríes y no te duelen esas pequeñas heridas causadas por el viento que arrastra cristales afilados.

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